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Protegiendo al Niño Pasajero

Por su frágil naturaleza y corta edad, los niños son indefensos y no saben ni perciben los riesgos de un choque u otras situaciones de peligro en la carretera. De ahí que su protección cuando viajan de pasajeros depende esencialmente del asiento protector instalado correctamente en la parte trasera del vehículo.

Esto quiere decir que un simple equipo puede hacer la diferencia entre la felicidad y la tristeza familiar, y entre la vida y la muerte de un menor. Es por eso que el “car seat” es, sin duda, la herramienta disponible más efectiva, segura y confiable para la protección de un menor cuando viaja en un automóvil.

Las estadísticas nos dicen que en un período de diez años, entre 2005 y 2015, murieron 39 niños de 0 a 9 años de edad en nuestras carreteras, 26 de los cuales no estaban sentados en el “car seat” al momento de producirse el choque. Aunque el 94.7% de los conductores boricuas lo utiliza para sus hijos o menores a su cargo, 3 de cada 5 lo usan en forma incorrecta porque desconocen la manera de ajustarlos debidamente. Para orientarlos a hacer bien las cosas existen ahora 111 centros de cotejo que operan en las estaciones del Cuerpo de Bomberos de Puerto Rico, donde técnicos certificados enseñarán a los adultos cómo se instalan correctamente.

Se estima que bien utilizado, estos asientos pueden reducir las fatalidades de infantes menores de un año en un 71%, así como un 57% en menores de 1 a 4 años, en caso de ocurrir un choque.

Toda esta información vital constituye un dato relevante en los mensajes que difunde la Comisión para la Seguridad en el Tránsito año tras año para enfatizar en la conveniencia de usar el “car seat” e insistir en nuestras campañas educativas en que los padres deben aprender la forma correcta de usarlos.

Un asunto que reclama especial atención es la negligencia involuntaria  de algunos padres a la hora de usar el asiento protector. Hay aquellos que lo han amarrado con una soga porque les resulta más fácil, o sientan a los bebés dejando sueltas las correas que sujetan a las criaturas. En ocasiones también hay padres que claudican ante las presiones de los niños cuando éstos manifiestan con llantos su incomodidad por el uso del asiento, y los mueven a ocupar un sitio en la parte delantera del automóvil. Semejantes errores de juicio son los que tenemos que evitar por las graves consecuencias físicas y emocionales que acarrean.

El asiento protector adecuado es aquel que está de acuerdo al peso y tamaño del menor. A modo de ejemplo, en los casos de un bebé que tiene menos de un año de edad su “car seat” debe estar colocado mirando hacia la parte de atrás del vehículo en un ángulo de más o menos 45 grados. Esta posición, según expertos, es la que mayor seguridad y protección le ofrece a la criatura. Para los niños mayores de 2 años el asiento debe estar mirando hacia delante y en posición vertical. En este caso, las correas o arnés del asiento deben estar en la ranura más alta. Deben estar en el asiento protector hasta que alcance el límite de peso o altura permitido por el fabricante del asiento protector.

Otro detalle importante es conocer que el asiento protector de un vehículo involucrado en un choque debe ser cambiado, aunque parezca estar en buenas condiciones, pues han sido diseñados para aguantar un solo choque. También hay que evitar su colocación cerca de sombrillas, paquetes pesados u otros objetos que pudieran convertirse en un proyectil. De igual relevancia es que los padres estén en conocimiento de que los asientos tienen una vida útil de seis años, por lo que se recomienda que sean reemplazados una vez cumplido ese tiempo.  Mantenga al infante en un asiento elevado “booster” hasta que sea lo suficiente grande para usar un cinturón de seguridad correctamente. Una vez el niño crezca lo suficiente, estará preparado para utilizar el cinturón de seguridad. Lleve siempre a su niño en el asiento trasero, al menos hasta que cumpla los 12 años de edad.

La meta de cualquier gobierno es salvar vidas, ayudando con orientaciones y campañas educativas a evitar tragedias de niños y adultos en las carreteras. No debe pesar sobre nuestra conciencia como padres que poco o nada hicimos para resguardar apropiadamente a nuestros hijos mientras viajaban en un automóvil.

La protección del niño pasajero es responsabilidad de todos los adultos. Cumpliendo esa responsabilidad familiar y ciudadana es avanzar en el logro de un mayor bienestar de nuestra niñez. Recuerde, la seguridad de tus hijos está en tus manos.

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